Mapa de procesos
Cómo funciona hoy cada circuito que toca al cliente o al dinero, con el tiempo real que consume y quién lo ejecuta. Sale de entrevistar a la gente que lo hace, no de lo que dice el organigrama.
La pregunta cara no es «¿cómo lo hago?», es «¿esto valía la pena?». Relevamos cómo funciona hoy tu empresa y te entregamos una hoja de ruta: qué automatizar, qué dejar como está, en qué orden y cuánto devuelve cada cosa.
Casi todas las empresas que nos escriben ya saben que quieren usar IA. Lo que no tienen es el orden. Y sin orden pasa siempre lo mismo: se automatiza lo que es fácil de automatizar en vez de lo que duele, se compran licencias que nadie usa a los dos meses, y el proyecto se abandona con la sensación de que «la IA no era para nosotros».
«Probamos un chatbot y no funcionó.» Casi nunca falló el chatbot. Falló ponerlo a atender un proceso que ni siquiera estaba escrito en ningún lado, con información que vivía en la cabeza de dos personas.
«Ya pagamos tres herramientas.» Y ninguna se habla con las otras, así que alguien pasa datos de una a otra a mano. Ese alguien es el proceso que había que automatizar.
Todo llega escrito. Una consultoría que termina en una reunión y un par de ideas sueltas no se puede ejecutar ni revisar seis meses después.
Cómo funciona hoy cada circuito que toca al cliente o al dinero, con el tiempo real que consume y quién lo ejecuta. Sale de entrevistar a la gente que lo hace, no de lo que dice el organigrama.
Las oportunidades ordenadas por retorno contra esfuerzo, no por lo llamativas que son. Primero lo que devuelve rápido y financia lo que sigue; al final lo que necesita que antes pasen otras cosas.
Costo estimado, plazo y ahorro esperado, iniciativa por iniciativa. Con el supuesto de dónde sale cada número escrito al lado, para que puedas discutirlo en vez de tener que creerlo.
Qué resolver con software que ya existe y se paga por mes, qué necesita desarrollo propio y qué puede hacer tu equipo solo con la herramienta correcta y dos horas de entrenamiento.
Una reunión de treinta minutos, sin costo y sin compromiso. Salimos con el alcance del trabajo y con una respuesta honesta a si te conviene contratarlo.
Entrevistas con quienes ejecutan cada proceso, revisión de los sistemas que ya usás y de en qué estado están los datos. Acá aparece lo que nadie había medido.
Cada oportunidad se estima en retorno y en esfuerzo, y se ordena. Lo que no pasa el filtro también queda escrito, con el motivo por el que quedó afuera.
Te presentamos el documento y lo discutimos punto por punto. Si algo no cierra con lo que conocés de tu negocio, se corrige: vos sabés cosas que el relevamiento no captura.
Si tenés un solo problema y lo tenés clarísimo. Si sabés que lo que te está comiendo el día es responder los mismos veinte mensajes de WhatsApp, no necesitás una consultoría: necesitás un bot de WhatsApp y podés empezar la semana que viene.
Si todavía no tenés operación que relevar. Una empresa de tres meses no tiene procesos, tiene intuiciones. Ahí el trabajo es otro y te lo vamos a decir en la primera reunión, que no se cobra.
Este servicio se justifica cuando la pregunta no es cómo resolver algo, sino qué resolver primero. Es el caso de casi toda empresa que ya factura, tiene equipo y arrastra procesos que crecieron sin que nadie los diseñara.
No hay precio de lista porque no hay dos relevamientos iguales: depende de cuántos procesos haya que mirar y con cuánta gente haya que hablar. El número sale después del diagnóstico inicial, que no se cobra.
lo que sale la primera reunión. Treinta minutos para entender tu operación y decirte qué haríamos primero — incluso cuando la respuesta honesta es que todavía no necesitás contratarnos.
Es el trabajo de mirar cómo funciona hoy tu empresa y determinar dónde la inteligencia artificial devuelve más de lo que cuesta, antes de contratar ningún desarrollo. El resultado es un documento: qué procesos conviene automatizar, cuáles conviene dejar como están, en qué orden hacerlo, con qué herramientas y cuánto sale cada paso.
Entre dos y cuatro semanas según el tamaño de la operación. Te llevás un relevamiento de los procesos actuales, una hoja de ruta priorizada por retorno y esfuerzo, una estimación de costos y tiempos para cada iniciativa, y la recomendación de herramientas concretas. Es tuyo y podés ejecutarlo con nosotros, con tu equipo o con quien prefieras.
Sirve especialmente si es chica, porque es donde una decisión equivocada duele más: una pyme que invierte en la automatización que no era pierde meses y presupuesto que no le sobran. Dicho eso, si tenés menos de cinco personas y un solo proceso claro que te está comiendo el día, probablemente no necesites una consultoría — te conviene automatizar eso directamente y te lo vamos a decir.
A veces sí, y cuando pasa lo decimos con esas palabras. Pero la hoja de ruta incluye también lo que conviene resolver con una herramienta de mercado que ya existe, lo que conviene dejar manual y lo que directamente no conviene hacer todavía. Una consultoría que siempre termina en «contratanos todo» no es una consultoría, es una propuesta comercial con otro nombre.
Depende de cuántos procesos haya que relevar y de cuánta gente haya que entrevistar, así que se cotiza por proyecto y no por hora. La reunión inicial de diagnóstico no se cobra: de ahí sale el alcance y recién entonces hay un número. Si el trabajo sigue con nosotros en la implementación, la consultoría se descuenta del proyecto.
No. El estado de los datos es justamente una de las cosas que releva la consultoría, y en muchas empresas el primer punto de la hoja de ruta termina siendo ordenarlos. Llegar con todo prolijo no es un requisito; si lo fuera, la consultoría no haría falta.
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Contanos cómo funciona tu operación hoy. Salís de esa reunión sabiendo qué haríamos primero — aunque la respuesta sea que todavía no te conviene contratar nada.